Desde su fundación en 2013, en la EDT trabajamos para cerrar brechas en educación. Hoy, ofrecemos un programa integral que no solo fortalece el rendimiento académico, también construye una base sólida para que nuestros estudiantes puedan seguir avanzando en su camino en la educación superior.

La equidad en educación es el corazón de la EDT. El ingreso al programa se basa en un riguroso proceso de selección que evalúa cinco dimensiones: talento académico, pensamiento lógico, conocimientos en matemáticas, autonomía y una entrevista personal. Este enfoque integral permite identificar, en jóvenes de liceos técnicos y humanistas de nuestras cuatro regiones de incidencia, no solo sus competencias cognitivas, sino también su compromiso, resiliencia y motivación para enfrentar con éxito la preparación universitaria.

El programa tiene una duración de dos años —mientras los y las estudiantes cursan tercero y cuarto medio— y no se limita a prepararlos para la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES). Por el contrario, la EDT se sostiene en tres pilares:

Formación académica: clases dos días a la semana en matemáticas, habilidades comunicativas y otras competencias para un crecimiento integral.

Orientación vocacional: talleres de habilidades blandas que apoyan la toma de decisiones informadas sobre el futuro académico y profesional.

Apoyo socioemocional: acompañamiento psicológico y tutorías personalizadas que fortalecen la resiliencia y preparan a los estudiantes para las exigencias de la vida universitaria.

De esta manera, la EDT asume que el camino hacia la educación superior incluye desafíos que van más allá de los contenidos de la PAES, y acompaña a sus estudiantes con un enfoque que integra formación académica, desarrollo de habilidades blandas y contención psicológica.

Actualmente, 170 jóvenes de 32 establecimientos educacionales de cuatro regiones del país (Metropolitana, Valparaíso, La Araucanía y Aysén) forman parte del programa. Sostener este programa requiere la articulación de alianzas entre la Facultad de Economía y Negocios, el sector público y, especialmente, el sector privado, que valora su aporte a la EDT como una inversión en el capital humano del país.

En la EDT, cada estudiante tiene la posibilidad de cambiar su futuro, el de su familia y el de su comunidad. Por eso, la Escuela de Desarrollo de Talentos es un motor de movilidad social y un paso concreto para reducir las brechas de desigualdad en Chile.